¿Te atreves a soñar?

miércoles, 16 de julio de 2014

Un viaje eterno


Adelaida golpeó la puerta con los nudillos y tiró del pomo repetidamente.
–Te lo suplico, déjame salir. ¡Déjame salir!
Cogió carrerilla y se lanzó contra la puerta, pero sus diez años no eran lo suficientemente fuertes como para derribarla. Escuchó un gruñido y una maldición, y lloró con más ganas. Miró hacia la ventana y se precipitó contra el cristal. Sus mofletes mojados se aplastaron para ver marchar a una mujer encorvada y envuelta en una manta deshilachada.
–¡Mamá! –gritó.
Sorbió los mocos y trató de desbloquear el pestillo.
–¡Mamá!
Pero los pasos lentos de la señora no se detuvieron. Ni siquiera volvió la vista atrás. Adelaida no se separó de la ventana hasta que la sombra de su madre se perdió en la distancia. Entonces solo quedaron sus huellas vacías en la nieve y una niña encogida de dolor.
La puerta del dormitorio no la abrieron hasta el día después. Habían aprovechado el sueño de la pequeña para dejarle una bandeja de comida sobre la mesa, pero a la mañana siguiente la recogieron intacta.
Suzanne fue la primera en presentarse. Era una joven treintañera que no había encontrado oportunidad para casarse. Llevaba el pelo atrapado en un moño ahuecado y un vestido largo hasta los pies. Sonrió a Adelaida cuando ella dejó caer el cuello en su dirección. La niña continuaba encogida junto a la ventana, con la cara sucia y los ojos cansados.
–¿Te apetece jugar con el trineo? –propuso Suzanne.
Adelaida la ignoró.
–Te llevaré a la tienda para que conozcas a otras niñas.
La pequeña se levantó despacio y, sin preocuparse de su aspecto, esquivó a Suzanne y salió por la puerta de la habitación. Caminaba por inercia, con la mirada perdida y triste. ¿Qué más le daba dónde estaba? Su madre le había dicho algo de unas primas. Su madre...
Una señora de camisa de mangas anchas y falda oscura la sorprendió al final del pasillo.
–¡Adelaida! ¿Dónde has dejado a Suzy? Ni si quiera has desayunado y vas muy sucia. No puedes salir así a la calle. Ven, ven, te asearé un poco –resolvió Marie, la bonita Marie.
La niña se dejó hacer. Esperó con los brazos caídos a que su tía desconocida terminase de arreglarla. Le daba igual el lazo, el abrigo, las botas, los guantes.
–¿A dónde ha ido? –preguntó muy bajito.
Suzanne, que acababa de entrar por la puerta, le respondió.
–¿Para qué quieres saberlo, querida? Ella tenía que marcharse. Está bien, estará bien.
–¿Dónde?
–Ella...
–Un viaje –interrumpió Marie–. Ella estaba esperando para hacer un viaje.

- - -

Aunque aquel día me hice la loca, las entendí perfectamente. A la primera, al primer titubeo de Suzanne. No me revolví porque en el fondo hacía mucho tiempo que lo sabía. Lo sospeché cuando mamá me empezó a mencionar a la tía Suzanne y a la bonita de Marie. Cuando la oía llorar por las noches. Cuando la encontraba torcida sobre las letrinas y me gritaba que me fuera. Cuando me abrazó en el comedor de la casa de las tías, tan fuerte, con tanta ternura, inundada de amor. Mamá se tenía que marchar y no quería que yo la viera apagarse porque ella me necesitaba fuerte. Los inviernos en París eran muy duros. Y muy largos.


martes, 1 de julio de 2014

El Paraíso de Ana



Gavrila la debía estar esperando. Seguramente jugando con las nubes. Probablemente vestido con un rayo de sol. Con sus rizos rubios y su «Ven, ven, ven» de repique de campana. Seguro que la recibió con su elegancia infantil: con la ropa planchada y muy firme. Seguro que también se le escapaba la risa por los ojos. Seguro que pensaba “cuando te despistes, nos iremos a volar”.Seguro también que no dijo nada hasta que Ana lo pensó, hasta que se dio cuenta de que ella se había convertido en historia, en sueños, en amor. Como sus personajes.




Con admiración, a Ana María Matute.


domingo, 25 de mayo de 2014

Una mirada





Una mirada puede ser tan triste, tan miedosa, tan feliz, tan amada.

Ilustración: Blanca Rodríguez G-Guillamón

sábado, 3 de mayo de 2014

Mírame



Mírame, solo para saber que estoy viva.


Ilustración: Blanca Rodríguez G-Guillamón.
Técnica: Grafito, tinta y sanguina.


jueves, 24 de abril de 2014

¿Qué le pasa a Coca-Cola?


“Coca-Cola pierde la chispa”, leí el otro día en El País. Y la curiosidad por lo que me contarían después me hizo clicar la noticia. ¿Una receta nueva? ¿Un ingrediente que no funciona? Lo que no esperaba era saber que sus inversores están intranquilos, que los ingresos globales de la empresa han caído un 4%. La todo poderosa Coca-Cola; la misma que nos saca sonrisas e incluso aplausos con sus anuncios, la misma que nos hace pensar en una tarde de amigos y reencuentros. Coca-Cola está en la cuerda floja y el motivo no es la competencia, sino el cambio hacia hábitos más saludables.

¿Entonces es buena noticia? ¿Que la gran empresa roja y blanca caiga es buena señal? Pensando en los azúcares y en los kilos, he acabado recordando mis tardes de colegio. Me he acordado del juego del mate, en que esquivábamos la pelota-bala como si fuésemos espías agilísimos y permanecer en el campo fuera de vida o muerte. ¡Qué saltos y qué carreras! O el juego del elástico, que sostenían dos chicas con los tobillos mientras las demás deslizaban los suyos para formar una red y saltarla. O la comba, o el aro, o los números de tiza que recorríamos a la pata coja al tiempo que le dábamos puntapiés a una piedra para dejarla en el número mayor. Arriba, abajo, arriba, para el lado. No parábamos quietos.

Recuerdo que uno de mis trofeos fue una lata de Coca-Cola. Mi aficionado equipo de baloncesto ganó el primer y único partido de su historia y la entrenadora se sintió tan orgullosa que se atrevió a prometernos una lata del refresco -que, por cierto, nunca llegó.

La Coca-Cola era motivo de fiesta, de risas, de los mejores momentos, de nuestra victoria. Después de conocer que la multinacional no crece, sentí una especie de vacío de la infancia -si en algo se distinguen, es en esa gran personalización de su marca-. Pero luego lo pensé fríamente. Si hay que sacrificar a Coca-Cola o a la salud... Pues lo siento, querida mía, pero la salud es lo primero. Claro que sí, porque parece que nos hemos concienciado de la necesidad de cuidarla. Ahora hacemos más ejercicio -por supuesto-, los niños juegan aún más que antes y pasan la tarde en el parque -seguro-, sin intoxicaciones electrónicas ni pantallas -la duda ofende-. Comemos mejor, más fruta y más verdura, y hemos aparcado la comida rápida, los precocinados y los azúcares de más. 

No es tu culpa, Coca-Cola, y perdona mi ironía pero es que somos nosotros.


domingo, 6 de abril de 2014

Donde todo es dulce

Dos sonrisas manchadas de chocolatada y una nota sin firmar. “Donde todo es dulce”, leyó Catalina con emoción. Sacudió la hoja arrugada y dio vueltas sobre sí misma, creando una nube de volantes rojos.
–¿Qué decías de ese joven, Bárbara? Apuesto, agradable, educado... –canturreó la pequeña sin dejar de moverse.
–Devuélveme la nota y no digas nada a nadie. Madre no puede enterarse...
–Alto, rubio...
–Cállate.
Bárbara se lanzó sobre su hermana y le arrebató las palabras. Las risas se colaron por la ventana de la cocina y salió María con el delantal manchado de harina.
–La señora está descansando, vais a despertarla –las riñó, palmeando el aire.
Bárbara le tapó la boca a Catalina y se disculpó mientras la dirigía a la calle. Allí explotaron de nuevo en compases alegres. El sol de la tarde doraba el maizal, donde aún trabajaban jornaleros. Catalina parpadeó con coquetería y saltó a la tierra para esconderse entre los tallos.
–Y correréis a lomos de un caballo blanco, y volaréis sobre las plantaciones y los bosques...
Bárbara la abrazó para contener sus ensoñaciones.
–No está bien imaginar tanto. Es solo un buen conocido.
Catalina soltó una risita para provocarla.
–¿Solo un buen conocido?
–Sí... Sí, más o menos. Eso es. Un buen... Es un muchacho divertido.
–¡Estás enamorada!
–¡Calla! –gritó la mayor con los ojos espantados–. Madre dice que eso no está bien. ¿Has leído las novelas de la lista prohibida? Como se entere María...
–Es que no he podido contenerme, son tan románticas y tan bonitas. La última iba sobre...
Bárbara le tapó los labios.
–No sabes nada del amor y yo no quiero saber más que lo que madre cuenta.
–Ella no habla de caballos ni de palacios. Sus historias son aburridas. Os escuché el otro día, cuando hablábais en la salita. Madre no quiere que le veas a él, ¿verdad? –dijo Catalina señalando la nota arrugada que escondía su hermana en el puño.
–No es eso...
–Pero tú iras a verle, ¿no es cierto? Hoy, al atardecer, donde todo es dulce... ¿No suena romántico? Donde todo es dulce... Lo repetiría ciento de veces. Me endulza la lengua, como si comiese uno de esos pastelitos que hace María.
La joven suspiró con la sonrisa aún manchada y se escondió la hoja en el corpiño. Cogió la mano de Catalina y echó a correr entre el maíz maduro.
–Volveré antes de que oscurezca –dijo–. Solo será un paseo. Le saludaré y regresaré antes de que madre despierte.
Catalina se puso de puntillas para limpiar la comisura de los labios de su hermana y la animó.
–Te esperaré en la sala de juegos, donde siempre. Estaré atenta junto a la ventana. Luego quiero que me lo cuentes todo, todo, hasta el último detalle.

Pero Bárbara nunca regresó.



sábado, 22 de marzo de 2014

Monuments men: una película distinta


¿Habías visto la II Guerra Mundial con los ojos de los amantes del arte? Porque estamos acostumbrados a las películas bélicas, pero no tanto a las bélicas-con-amor-al-arte. “Monuments men” desvela una realidad desconocida, la otra cara de la guerra: imprescindible, intrínseca, nuestra historia, la historia del hombre inmortalizada en pinturas y esculturas.

Cuando vi el cartel del estreno, no pude evitar un suspiro: “Guerra otra vez”. Y qué lejos estaba de tener razón. “Monuments men” rompe los esquemas precisamente porque gira alrededor de un tema del que muchos no habíamos oído hablar. Guerra, sí, pero desde un grupo de hombres que tratan de recuperar las obras de arte de la ambición de Hitler. Y lo más interesante: que fue una historia real.

En 2011 se descubrieron alrededor de 1.500 cuadros de artistas del siglo XX: Picasso, Matisse, Paul Klee, Chagall, Emil Nolde o Kirchner, entre otros; en la vivienda del anciano Cornelius Gurlitt. Obras que adquieren un valor total de más de 1.000 millones de euros. La investigación posterior anunció que este material había sido robado por los nazis y escondido en esta casa de Múnich (Alemania) durante medio siglo. 


Gurlitt no es el único caso. La Asociación de Museos Holandeses presentó un informe en que se anunciaba que 136 de sus obras podían ser herencia del saqueo de los nazis. Otras pinturas secuestradas han ido saliendo a la luz a cuentagotas, la mayoría por motivo de subastas, como “Litzlberg en Attersee”, de Gustav Klimt.

Los monuments men existieron: George Stout, James Rorimer, Walter Hancock, Richard Balfour, Robert Posey y Lincoln Kirstein, fueron algunos de estos valientes hombres que aceptaron participar en la guerra para rescatar la historia del arte.

“Monuments men” asombra. Con un buen reparto y aunque un poco lenta, ha encontrado un tema poco explotado que hacen de ella, sobre todo, una película distinta a las que estamos acostumbrados.



miércoles, 19 de marzo de 2014

Ocho apellidos vascos: para reírse




¿Qué hace reír más que los tópicos? Porque ver una exageración de nuestras costumbres es tan divertido como las caras de Dani Rovira o la actuación de Karra Elejalde en “Ocho apellidos vascos”. Una comedia para desconectar, para reírse, para salir con una sonrisa del cine. Una película española muy distinta a las que le preceden. Un recuerdo de la francesa “Bienvenidos al Norte” (2008), de Dany Boon, y de la italiana “Bienvenidos al Sur” (2010), de Luca Miniero.
Emilio Martínez Lázaro se une a la tríada de los tópicos... y triunfa. En lo que lleva en taquilla, su película se ha convertido en la número uno. No han faltado los aplausos y las buenas recomendaciones, pero tampoco las críticas. El diario Gara ha protestado por el reparto, pues los actores que hacen de vascos no lo son, y han extrapolado el argumento para hacer una crítica ideológica.
Lo cierto es que quien quiere reírse, se ríe. Y con un plus los del sur y los del norte, que con sus más y sus menos, algo se identificarán con la película. En el acento, en la apariencia, en los chistes, en las relaciones sociales o en el clima. Desconectemos un rato, ¡y a divertirse!