¿Te atreves a soñar?
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viernes, 1 de enero de 2016

Feliz 2016

Somos trozos de historias y el misterio está en que nunca las conoceremos todas. Ni siquiera las nuestras. Ahí está la gracia, que la vida son olores, sabores, sensaciones... y se nos escapan.

Qué suerte poder compartirlas, descubrir nuevas y comenzar otras. Que comencéis el año con ganas. ¡Feliz 2016!



lunes, 12 de octubre de 2015

Otoño

El otoño es mirar por una rendija mientras la naturaleza se desviste. Contener la respiración con el corazón latiendo en la cabeza. Desfilar los dedos por los labios y luego por el cuello.


El otoño es saber que es consciente de que estamos observando. Mientras se quita una prenda, y otra, y las hojas caen ligeras. Miramos... y nos deja.


El otoño es enamorarse, o darse cuenta. Estremecerse en el pasillo, sentir las piernas endebles, los ojos vidriosos, el corazón deshojado. Al desnudo. La ilusión y el deseo encendidos. Fuego.






domingo, 13 de septiembre de 2015

Pasará

El otro día, uno en que sólo me apetecía desconectar, me puse a investigar las aplicaciones de la tableta y, entre ellas, encontré una para pintar. Al principio fueron trazos muy ligeros, vagos, hasta que me di cuenta que pintar en una pantalla no era tan diferente a hacerlo en papel. De modo que tengo el gusto de presentaros mi primer dibujo íntegramente digital: "Pasará".





martes, 19 de agosto de 2014

Etérea


El hombre trató de besarla, pero ella se escabulló con una risa grácil y echó a correr entre los árboles. La luz de la tarde era fría, casi gris, y las hojas brillaban por los rastros de lluvia. La joven se abrazó a un tronco y se asomó con la gracia en los ojos. Su vestido blanco parecían alas vaporosas y ella, un ángel. Tan frágil, tan delgada, tan etérea. Él admiraba sus pasos y esa felicidad que la envolvía entera. Y quería sentir lo mismo, quería esa risa traviesa... La quería a ella. Quería, incluso, la melancolía de sus labios, que parecían sonreír a la vez que lamentarse.
El sol destelló al ocultarse y la muchacha tropezó, como si el último rayo la hubiese debilitado. Pero se deslizó con una carcajada y el hombre no pudo dejar de asombrarse. Su piel blanca, sus labios, sus ojos grandes... Y sus manos, su pelo revuelto. Movido por algún resorte, clavó la rodilla en el suelo y le extendió la mano. Inclinó la cabeza y esperó.
La risa de ella se extendió por su mano cuando la aceptó y se sintió príncipe de la doncella. Ella sonreía, coqueta.
“Ya eres mía”, pensó el hombre, con una satisfacción secreta.
Despacio para no asustarla, se aproximó a su rostro. Olía a jazmín y a lluvia. Acarició su mejilla y se lanzó a sus labios...
El príncipe había dejado de serlo. Cayó sobre la hojarasca, exactamente donde ella había estado unos segundos antes. Se le enrojeció la cara y sintió el vacío de golpe, como un puño seco. Se maldijo. Había subestimado a la inspiración.



Ilustración: Blanca Rodríguez G-Guillamón.
Técnica: Grafito.


domingo, 25 de mayo de 2014

Una mirada





Una mirada puede ser tan triste, tan miedosa, tan feliz, tan amada.

Ilustración: Blanca Rodríguez G-Guillamón

sábado, 3 de mayo de 2014

Mírame



Mírame, solo para saber que estoy viva.


Ilustración: Blanca Rodríguez G-Guillamón.
Técnica: Grafito, tinta y sanguina.


sábado, 8 de marzo de 2014

domingo, 16 de febrero de 2014

Vainilla y sal

Olía fuerte a pintura y aguarrás y, cuando soplaba el viento, también al incienso de vainilla que Lucía encendía en el alféizar. Goteaba el grifo abierto por el último niño, tan pequeño que no alcanzaba a cerrarlo bien, y en la radio sonaba un antiguo éxito del pop español.
En el caballete más próximo a la ventana, Diana pintaba un paisaje de playa. Dos barcas y un mar tranquilo. Afiló el lápiz azul y lo dirigió a la línea del horizonte. Le cosquilleaba la emoción de saber que aquel era su primer cuadro a pastel. Había saltado de los blancos y negros del carboncillo a una pintura de colores suaves. Unos colores tan suaves que con ellos era capaz de sentir la arena entre los pies y el sabor de la sal. La brisa, las gaviotas y el golpe de las olas contra las maderas de la embarcación. Ella descalza, con los vaqueros remangados bajo las rodillas y las mejillas rojas por el sol. Ella niña. Ella feliz.
Lucía señaló un tropiezo de la pintura y Diana le cedió el lápiz azul.
‒Más suave, más suave. No aprietes tanto. El interior de la ola debe confundirse con la anterior. Haz un difuminado en la parte de dentro. Aquí, aquí, ¿ves? Muy bien. Así, estupendo.
Más suave, como una caricia enamorada. Más suave y más claro. Diana cerró los ojos y respiró hondo, quería recordar aquel mar por el que corría tantos veranos, por el que había paseado muchos atardeceres y al que le había confesado sus secretos.
Cambió a la tiza verde y salpicó la masa azul. Así eran las aguas frías en que se sumergía cuando picaba el sol. De nuevo olor a vainilla y quizá también a sal. Quizá, solo quizá.


‒¿Estás bien? ‒escuchó que preguntaba Lucía.
Abrió los ojos y se secó las mejillas. La profesora le acarició el pelo y se inclinó sobre ella.
‒Te está quedando muy bien. ¿Quieres hacer un descanso y nos tomamos un café?
Diana asintió y dejó los colores en la caja, desactivó los pestillos de su silla y empujó las ruedas por el pasillo del aula. Observó de reojo el niño del sombrero de paja que pintaba Francisco, y los monigotes del pequeño Juan. Dejó atrás el lienzo amplísimo de la talentosa Alejandra y entró en el cuarto, más estrecho, del café. Lucía le sirvió una taza y se sentó frente a ella. No dijo nada y simuló distraerse con el humo de la bebida.
Diana preguntó por la última exposición de su profesora y terminaron discutiendo sobre las obras del museo que acababan de abrir en el centro histórico de la ciudad. Se rieron de las ocurrencias del más pequeño de los alumnos, que había dibujado en la pared con óleo y decía que quería ser como Leonardo da Vinci, y luego regresaron a sus cuadros. Diana contempló su mar, su playa, su pasado, y se concentró en el olor a pintura, a aguarrás, a vainilla y a sal.


Ilustración: Blanca Rodríguez G-Guillamón

lunes, 9 de diciembre de 2013

Tres horas de vida


La gotera había desbordado el cubo. Hacía dos días que no dejaba de llover y la madera vieja de la cabaña se había resfriado. En la oscuridad obligada de la tormenta, Daniel dibujaba junto a la chimenea. Acababa de avivar la lumbre y los lengüetazos del fuego se proyectaban en el cuaderno de papel. Sombras que Daniel ignoraba, concentrado en el rostro de la juventud. Entre otros, le sonreían sus ojos de grafito, tan grandes sin las arrugas.

El cuco cantó justo cuando esperaba. Pocos segundos antes Daniel había elevado la mirada hacia el reloj, porque conocía los pasos de las horas.

Bostezó y retomó el dibujo. En su hoja trazada escuchaba risas y voces antiguas, voces muy llenas de polvo. El paisaje apenas esbozado brillaba de color. Allí estaban todos: Federico, Antonio, José, Fernando. Y Marisa también, con su voz cantarina. Y la hermana pequeña del pillo, quien para entonces ya se había marchado a Madrid.

La alfombra se había mojado y el hogar era cenizas.

Fernando y Marisa se casaron poco después. Antonio heredó las tierras de su abuelo y las trabajó junto a su esposa, pero a ella Daniel no la conoció. Y José... ¿José estudió una carrera en la universidad? Quizá eligió Derecho antes de viajar a Estados Unidos. ¿O había sido Medicina?

Hacía frío. Daniel miró la hora; llevaba tres perdido en la cuenta de los años. Había olvidado al pájaro del reloj y la gotera. La noche había dormido a su cabaña y el viento se lamentaba cada vez más alto. Daniel se levantó despacio y miró su obra. Pero los recuerdos se habían callado. Arrugó el papel y lo arrojó a la chimenea.

Quería vida, no silencio.

martes, 7 de mayo de 2013

Conspiración


Conspiración (2007)

Llevo bastante tiempo sin publicar nada, pero últimamente voy un poco regular de tiempo. Solo quedan quince días para que pueda retomar el ritmo anterior, así que mientras tanto os dejo una ilustración inédita que hice algunos años atrás. La dibujé a grafito, la rotulé y luego la coloreé en el ordenador. Es de los pocos dibujos que he trabajado así, de modo que le tengo un cariño especial.

Espero que nunca dejéis de perseguir vuestros sueños. Más de una vez la vida parecerá conspirar contra ellos, pero la decisión última la tomamos nosotros. Que no os engañe la desesperación.


domingo, 10 de marzo de 2013

Bocetos

Unos pocos dibujos que he encontrado en mis cuadernos... Se quedaron en líneas.






sábado, 6 de octubre de 2012

El atrapasueños


Grafito y carboncillo (2012)

Quien cree en la magia, la encuentra siempre. Yo he recuperado una sensación preciosa al retomar la pintura. Nunca la dejé, en realidad, pero mientras estudio encuentro poco tiempo. Por eso, haberme detenido unos días  en los trazos de este rostro, me han devuelto una alegría especial. Cuando te vuelcas en tu pasión, no importa qué esté pasando a tu alrededor, porque estás siendo feliz. Y lo importante es eso, ¿no? ¿No es lo que buscamos todos? La felicidad se compone de detalles, de instantes, de una mirada, de una sonrisa, de un gesto... Y lo más bonito es que esos momentos te sorprenden cuando menos te lo esperas. 

Os guste más o menos Mago de Oz, no dejéis de ser atrapasueños de vuestras propias ilusiones y luchad por hacerlas realidad.

miércoles, 1 de agosto de 2012

martes, 24 de julio de 2012

Mario, recién nacido.


Durante esta semana he estado dando vida a algunos de mis personajes. En esta entrada os presento a Mario, gran deportista y pintor.

martes, 17 de julio de 2012

¡A la aventura!

Aunque la calidad de la imagen no es demasiado buena, os he escaneado un dibujo que hice para todos los chicos y chicas que ahora están de campamento. 
¡Espero que no abandonéis nunca el espíritu de la aventura! Atreveros a descubrir los secretos de este mundo, que son muchos y muy variados (aunque a veces dejemos de verlos).