¿Te atreves a soñar?
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martes, 7 de mayo de 2013

Conspiración


Conspiración (2007)

Llevo bastante tiempo sin publicar nada, pero últimamente voy un poco regular de tiempo. Solo quedan quince días para que pueda retomar el ritmo anterior, así que mientras tanto os dejo una ilustración inédita que hice algunos años atrás. La dibujé a grafito, la rotulé y luego la coloreé en el ordenador. Es de los pocos dibujos que he trabajado así, de modo que le tengo un cariño especial.

Espero que nunca dejéis de perseguir vuestros sueños. Más de una vez la vida parecerá conspirar contra ellos, pero la decisión última la tomamos nosotros. Que no os engañe la desesperación.


lunes, 17 de diciembre de 2012

Hay Navidad


En la Navidad se reúnen todos los buenos deseos. Paz, esperanza, amor... Y tratamos de ser un poco más felices. Hacemos compras, nos permitimos caprichos, nos volvemos más amables, más permisivos, más tolerantes. Incluso nuestro reflejo de las mañanas parece más simpático.
¡Feliz Navidad!
Y nos abrazamos. Tenemos buenos deseos para todo el mundo; también para aquella persona que nos cruzamos cada día y con la que nunca intercambiamos una palabra. Pero es Navidad. Es Navidad y el mundo es más agradable.
Las calles heladas parecen cálidas con los brillos de los escaparates. Hay árboles recargados con espumillón dorado, plateado, bolas rojas, azules, amarillas... Las ciudades parecen disfrazarse de diosas, tan bellas, tan ricas, tan abundantes. Y en los comercios cantan villancicos. Voces de ángeles con alas de cartón.
Ya no miramos con compasión a los vagabundos y a los mendigos, sino que lo hacemos como hermanos.
Somos buenos.
Somos generosos.
Somos felices.
Compramos turrón, bombones, bizcochos, pasteles... No importa el peso. Da igual si engordamos, porque es Navidad.
Elegimos los regalos más voluminosos y todo nos parece poco. Queremos hacer felices a nuestras familias y amigos, así que seguimos comprando, aunque a cambio tengamos que renunciar a otras cosas. ¿Compramos la felicidad?
La felicidad está en el amor y el amor está en lo que permanece.
Hay Navidad cuando abrimos los brazos con sinceridad, cuando ofrecemos nuestro tiempo a quienes lo necesitan, cuando creemos que somos valientes y que podemos hacer el bien, cuando nos estremecemos con una risa, una mirada o un canto. Hay Navidad cuando decidimos remendar nuestros errores y comenzar desde el principio.
Podemos ser buenos.
Podemos ser generosos.
Somos capaces de ser felices.
Los regalos son muestras de nuestro amor, pero la materia no es el eje. No hay más amor por cantidad de regalos. No se trata de gastar, sino de estar juntos.
Hay que confiar, alentar al que quiere rendirse, ayudar, perdonar y observar la vida con los ojos del respeto y la comprensión.
La Navidad no debe escaparse con los árboles, las estrellas y los villancicos.
Navidad es querer amarse.
Es darse otra oportunidad.

viernes, 6 de julio de 2012

Lo que hace el amor

Hay quienes me han preguntado, no sin cierta burla, que por qué escribo, por qué le dedico tanto tiempo a una actividad que no me llevará a ningún sitio, por qué me paso horas frente a una hoja en blanco para anotar unas cuantas líneas. Yo sólo les pregunto por qué han orientado su vida como lo han hecho: hacia la educación, los viajes, la moda, la medicina, la familia... hacia cualquier dedicación o trabajo.
Entonces, las respuestas son variadas:
“Porque era lo que me tocaba”, “Porque es lo que me gusta”, “Porque no encontré nada mejor”, “Porque necesitaba dinero”... Por un sinfín de motivos más o menos personales.
Y a mí me advierten lo mismo: “No creas que puedes vivir de la escritura. Sólo uno de 100 lo consiguen”.
Pues sí, no es sencillo. Hay que dedicarle muchas horas a la lectura, a la crítica, a la creación. Hay que saber escuchar y ser capaces de liberar a los personajes. Hay que creer que la imaginación tiene vida y ser consciente de la responsabilidad que conllevan tus palabras. Escribir no es salpicar de letras una hoja y decir lo primero que se te ocurre. Escribir es pensar, es sentir, es conversar, y requiere formación y talento.
Pero nada de lo que se hace con el corazón cae en saco vacío. Lo que inspira el amor, vale la pena.
No todas las buenas novelas se convierten en bestseller, y no todos los bestseller son buenas novelas, pero conseguir esa categoría no es lo primordial de la profesión de escritor. Es el hecho de que puedas ayudar a otras personas lo que le da sentido. Ayudar, o divertir, o recordar, o acompañar. Sin el lector, no termina de desatarse la magia de la creación.
Lo mismo ocurre con el resto de trabajos. No importa que digan que sólo uno de 100 logra realizar su sueño. Sí lo quieres, aprende a desarrollarlo. ¿Por qué tú no vas a ser ese uno? Un dibujante, un médico, un astronauta, un piloto, un dentista, un militar, un bombero, un repostero, un transportista, un empresario, un fotógrafo, un publicista, un investigador, un músico, un director de cine... Cualquiera que sea tu aspiración.
Será difícil, posiblemente, pero también será un camino agradecido. Es importante que, hagas lo que hagas, tengas presente al que te habla, para que puedas atenderle. Mira, abraza, escucha, acompaña y anima al que confíe en ti, porque te estará dando algo muy valioso, que es su cariño, pero también recibe al que no cree en ti, porque aprenderéis a superar vuestros propios límites.

sábado, 24 de marzo de 2012

Con otros ojos

No se trata de rendirse. Hace poco conocí a una chica que entre grandes aspavientos se quejaba de una de las asignaturas de la carrera. Revolvía los apuntes y pasaba las páginas del manual con desesperación. “No me importa nada. ¡Qué me interesa a mí esto! Ni siquiera es útil”. Naturalmente, como ocurre la mayoría de las veces que nos dejamos dominar por la obcecación, estaba equivocada. Sí le interesaba, o debería interesarle, porque era una tema que repercutía en su día a día, y era útil, se dedicase o no a la Comunicación. Me quedé mirándola, no recuerdo bien si con una sonrisa burlona o triste, en tal situación ambas habrían servido. “Es horrible, ¡a mí qué me importa!” –me dijo, pese a que no me conocía de nada–. “Este hombre sólo dice bobadas”. Y entonces no pude evitar echarme a reír.
Recordé las veces que enfrente de los telediarios había repetido lo poco que me interesaba la política. Cuando en mi horario del primer cuatrimestre vi una asignatura dedicada a los sistemas políticos contemporáneos me desesperé. ¿Qué iba a ser de mí?... Qué dulce ignorancia, las primeras clases rompieron todos mis esquemas. Empecé a acercarme a ese mundo que había etiquetado como “hostil” y descubrí que lo entendía, que había un sentido... y que me gustaba. Contra todo pronóstico, fue la asignatura a la que más tiempo le dediqué y con la que más disfruté.
De modo que, cuando mi compañera de clase comenzó a rechazar la nueva asignatura sin haber intentado comprenderla, en seguida supe dónde estaba la solución. “Es la actitud” –comenté–. “Depende de cómo decides enfrentarte a los retos”.
Es cierto, aunque ella acogió el consejo con ironía: suspiró con dramatismo y simuló escuchar con atención al profesor, repitió alguna de sus frases como si se le fuera la vida en ello y comentó con su amiga lo divertido que era la ley de la oferta y la demanda.
No se trata de simular interés hacia aquello a lo que nos enfrentamos, ni de rendirnos, entonces continuaremos igual que cuando estábamos en el punto de partida, sino de mirarlo con otros ojos y creer que somos capaces. Cuando se trata de ponerse límites, muchas veces nos convertimos en nuestro propio antagonista. Le ponemos punto y final a la historia antes siquiera de sentarnos a escribirla.

***

It’s not a matter of giving up. Not long ago I met this girl who, with much fuss, was complaining about one of her college classes. She shuffled through her notes and anxiously flipped through her workbook. “I don’t care about anything. Why would this interest me! It’s not even useful.” Naturally, as usually occurs when we let blindness take over our beings, she was wrong. It did interest her, or it should, since it was a subject that cropped up in her day-to-day life, and it was useful, whether or not she decided to go into the field of Communications. I simply stared at her, I can't remember if with a teasing smile or a sad one, in such a situation either would've made do. “It’s horrible! What do I care,” she told me, even though she did not know me at all. “This man only babbles.” And at that point, I couldn’t help laughing.
I remembered the many times that, in front of the News cameras, I had repeated the little interest I had in politics. When I found a class dedicated to the contemporary political science on my first quarter schedule, I panicked. What do I do?... What sweet ignorance; the first classes would break down all my plans. I began to approach this world that I had labeled as “hostile” and discovered that I understood it, that now it had a meaning… and that I liked it. Against all odds, it was the class I put most effort into, and the one I enjoyed the most.
Therefore, when my classmate began to reject her new class, I immediately knew where the solution was. “It’s the attitude,” I commented. “It’s all about how you face your challenges.”
It’s true, although she took the advice with sarcasm: she sighed dramatically and pretended to avidly listen to the professor, she whispered a few sentences to herself as if her life depended on it and discussed with her friend how fun the laws of supply and demand were.
It’s not about feigning interest for the things we are confronted with, nor about giving up, otherwise we would simply continue as if nothing had changed, but about looking at our challenges
from another point of view and believing that we are capable of surpassing them. When it comes to setting limits for ourselves, oftentimes we become our own antagonists. We put the final touches on our story before we can even sit down to write it.

Texto traducido por: Carolina Rodríguez García.