¿Te atreves a soñar?

martes, 23 de diciembre de 2014

Piernas dormidas

 Un hombre que se desplazaba en silla de ruedas me dijo que prefería quedarse en casa a tener que enfrentarse a todos los obstáculos de la calle, porque allí se sentía aún más limitado que entre las paredes viejas de su piso. En aquel momento pensé que le faltaba ilusión, me pareció que prefería adormilarse lo que le quedaba de vida que disfrutarla en la medida de sus posibilidades.
No fue hasta que me quedé clavada en una pierna cuando entendí lo que supone el hecho de no poder andar. De repente los caminos se te hacen más largos y te sientes vulnerable. 
'No andar' no es sólo 'no andar', también es 'madrugar para llegar temprano a los sitios, porque te cuesta el doble las actividades cotidianas', 'sentir que sólo te quedan la mitad de buenos amigos de los que pensabas' y 'luchar cada desplazamiento porque contigo van un par de muletas o una silla de ruedas'.
Aquel hombre me dijo que ya no viajaba, o que intentaba hacerlo lo menos posible. Me apenó que sus piernas dormidas le frustrasen los sueños. 


Fotografía: Rob

A veces sólo se entienden las cosas cuando las sufres (otras veces no). Pero, ¡qué importante es la empatía!
Me pasearon por la sala de espera de la estación en busca de un asiento libre. La situación era cuanto menos curiosa: una joven con dos maletas sobre el regazo (que le alcanzaban la altura de los hombros) en una silla que empujaba una mujer del servicio de ayuda a personas con discapacidad (quedaba claro en su chaleco) que, a la vez que tiraba de su peso, arrastraba otra maleta con la mano derecha.
Los pasajeros observaban las idas y venidas como si se tratase de un partido de tenis. Silla aquí, silla allá. Al fin, nos detuvimos junto a una joven. ¡Un hueco entre todas aquellas personas que volvían a casa por Navidad! La mujer que me atendía puso el freno y dijo que me sentaría allí. Entonces, la chica que ocupaba el asiento contiguo puso la mano y dijo: “Está ocupado”. No retiró el brazo del hueco libre hasta que nos marchamos.
–Has visto, ¿no? –me dijo la mujer que me empujaba–. Todos te están viendo y nadie te deja un sitio. Están viendo que no puedes andar y ninguno se mueve para ayudarte.
Miré mis piernas con vergüenza. ¿Qué podía contestar? Sólo agradecí que mi situación fuera temporal.
Cuando la maleta de alguien colisionaba con una de las ruedas, tiraban con el ceño fruncido y se molestaban. Una señora, incluso, le dio un empujón a la silla cuando su chaqueta se quedó enganchada en uno de los manillares y me miró con enfado porque quería alcanzar pronto la puerta de embarque.
Cerca de la sala preferente encontramos un asiento libre.
Cuando me quedé sola, el chico que tenía al lado se quitó los auriculares.
–¿Qué te pasa?
Me sobresalté y le respondí que fue un accidente absurdo.
–¡Menos mal! Te he visto y se me ha caído el mundo encima. He pensado: una muchacha tan joven... Me moriría si no pudiera andar el resto de mi vida. Tiene que ser tan difícil, insoportable. Si necesitas cualquier cosa, dime. Cualquier cosa, yo te ayudo.
Me esforcé en que no se me desencajase la mandíbula por el asombro.
No pude evitar escuchar la conversación de aquel chico, que tenía un año menos que yo, con la joven que tenía a su otro lado. Era militar de la brigada paracaidista. Le contó que en su sueldo se contemplaba un plus por peligrosidad, porque en cualquier caída podían perder las piernas. 

jueves, 11 de diciembre de 2014

Crecer con TDAH

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad o TDAH es un trastorno del comportamiento de origen neurobiológico cuyos síntomas más característicos son la falta de atención, la impulsividad y la hiperactividad.

Se trata de un tema que ha generado (y genera) gran debate en cuanto a su diagnóstico y tratamiento. En algunas ocasiones incluso se ha hablado de una enfermedad de moda pero, ¿realmente lo es?

En este documental, 'Crecer con TDAH', conoceremos la experiencia personal de dos hermanos y la apuesta que hace la Asociación TDAH Sarasate por el tratamiento psicoeducativo.

Lo hemos trabajado con gran ilusión. Espero que os guste:




Para conocer más sobre el TDAH: http://solidariosdoc.wordpress.com/category/tdah-sarasate/

Para conocer más sobre la Asociación TDAH Sarasate; http://www.tdahsarasate.com/



lunes, 24 de noviembre de 2014

Toulouse Lautrec: herido de muerte

A Toulouse Lautrec le fascinó la noche de París. Había nacido en una familia aristocrática y, si no hubiera sido por su fragilidad física, quizá sus obras habrían sido muy distintas. Se crió en el campo, en el Castillo de Albi, pero su refugio fue el Moulin Rouge de París.

Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec tenía todas las cartas para ser un “don nadie”. Tenía un apellido aristocrático y creció rodeado de comodidades, pero su padre le rechazó desde la infancia. Le desagradó su debilidad y, más adelante, también su ocupación como pintor de los bajos fondos de París. 

Nació el 24 de noviembre de 1864, hace 150 años, y pasó su vida buscando un amor con el que superar sus miedos. Lo encontró en la noche: en sus luces, sus deseos, en las bailarinas del Moulin Rouge y en el alcohol. 

Dance at the Moulin Rouge, por Toulouse Lautrec

Su pintura, enmarcada en el postimpresionismo, fue reflejo de sus anhelos. Envidiaba las piernas fuertes de las bailarinas y las representaba siempre largas, ligeras. A las demás figuras, sin embargo, trataba de ignorárselas y las escondía debajo de las mesas o fuera de encuadre. Él había sufrido una rotura de fémur en cada pierna y eso limitó su crecimiento.

Toulouse Lautrec, pseudónimo que adoptó por orden de su padre, que aborrecía que relacionasen su apellido noble con su inmersión en el mundo nocturno, me parece un artista emocionalmente contradictorio. Se esforzó por superar sus límites y no se rindió cuando su progenitor le retiró la herencia y le rechazó oficialmente. Pero trató de aliviar su dolor en los burdeles y ahogándolo en alcohol. Vivía herido de muerte. 

El joven Toulouse, que falleció a los 37 años, es uno de los grandes artistas de finales del siglo XIX, pero sufrió tanto... Si tuviera que elegir las palabras claves de su vida, no dejaría de mencionar a su familia porque fue su trampolín del arte y su tormento. Su madre le apoyó hasta el final, pero le pareció que su padre nunca le quiso. Padecía dolor agudo en las piernas, pero la mayor estocada, estoy segura, se la dieron en el corazón.

In Bed: The Kiss, por Toulouse Lautrec


miércoles, 15 de octubre de 2014

Amar es una aventura

Hoy leí uno de los artículos de enumeraciones que te saltan en Facebook. De esos de “10 cosas que solo harías cuando tienes veinte años”, o “10 cosas que solo la gente torpe entiende”... Bueno, pues el que me apareció a mí era “10 cosas que te ocurren cuando tienes un novio nuevo”. NUEVO, ¿eh? Atención, recalco: un novio nuevo.
Pues me pareció curioso saber qué se supone que pensamos cuando tenemos “un novio nuevo”. Y la cosa empezó graciosa con el primer punto:

1. Despertarás a la mañana siguiente y pensarás: “¿Tengo pareja? ¡TENGO PAREJA!”.

Me imaginé la escena y me reí. Bueno, el amor es todo una aventura, así que sus inicios son cuanto menos apasionantes. Pero al pasar al siguiente punto solté un lastimoso “no...”. No, no, no. Eso no es así. Eso no debería ser así. El número dos decía:

2. Decir “hola” y “adiós” con un beso te hará sentir en la cima del mundo.

No... ¿Solamente vamos a sentirnos en el infinito cuando tenemos “un novio nuevo”? No, no. Deberíamos sentirnos especiales con cada saludo y cada despedida, llevemos uno, quince o cincuenta años. Si es lo más bonito: sentirse único para otra persona. ¿Solo al principio? Pues entonces, perdona, pero no le veo futuro a vuestra relación.


Pero bueno, oye, que solo vamos por el segundo punto y quedan muchos... Igual la cosa mejora.

3. No hay silencios incómodos, solo momentos en los que disfrutas en silencio de la presencia del otro.

Vaya, la cosa no mejoró con este...

4. Mirarás la foto de perfil de tu novio y pensarás: “¿Cómo tuve tanta suerte?”.

Ya no es que mires a la persona a la que quieres (o te gusta, porque es “un novio nuevo”) y te sientas afortunado. Y que suspires con su mirada, con la forma en que respira, con sus labios... No, no, ya ni eso, ahora es su foto de perfil. Una instantánea: ni un esbozo de todo lo que la otra persona realmente es.

5. Tus padres siempre tendrán sus pensamientos acerca de tu “nuevo novio”.

Tus padres, sea nuevo o no, tendrán una opinión. El problema sería más bien que no pensasen nada... Si te quieren, es irremediable que les interese lo que te rodea.

6. Tu novio y tú estaréis cogidos de la mano todo el tiempo.

Cuando coges la mano de alguien a quien quieres, puedes sentir muchas cosas. Puedes sentir que te apoya, o el cariño, o su calor. ¿No es bonito ver a dos ancianos que se dan la mano? Y digo ancianos porque es un gesto que no debería perderse nunca. Es importante que sintamos que no estamos solos.

7. La vida parecerá más colorida de lo habitual.

Amar es algo inmenso. El amor está lleno de colores: amarillos, rojos, azules, negros. El amor no es eternamente perfecto, pero ojalá le pongamos color todas las mañanas y no solo las primeras. Sin ilusión, se marchita todo.



8. Hablaréis por mensaje de todo, incluso de las cosas que no tienen ningún sentido.

¿Y solo con “un novio nuevo”? ¡No, por favor! Riámonos, bailemos con la vida. Y si hay confianza, con más razón. Pero no solo por mensaje. Las conversaciones, cuanto más largas mejor. Pero si todas fueran profundas, acabaríamos agotados con veinte o cuarenta años. ¿Imaginas? Llegas del trabajo cansado y tu pareja te recibe preguntándote por el sentido del Universo. Hombre... Pues habrá días que sea lo propio y días que no. Hay que divertirse, incluso decir lo primero que se nos viene a la mente. No hay que calcular cada palabra.

9. Ahora que estás en una relación te sentirás un poco más madura.

Bueno... Entonces con el novio anterior no eras madura, pero con este nuevo sí. La madurez no está en comenzar una relación, ni siquiera te la da el tenerla. Se puede tener pareja y ser un inmaduro. Si no, probablemente se romperían menos relaciones. Pero sí es verdad que el conocer a otra persona y decidir quererla, conlleva un compromiso. El compromiso de dejar a un lado tu propio egoísmo y mirar a la otra persona tal y como es, y no como tú quieres que sea.

10. Y finalmente, los dos estaréis nerviosos y emocionados por lo que os espera en un futuro.

Este sí es un buen final. Amar es una aventura. Pero que ese nerviosismo, esa chispa de ilusión, no se pierda con el paso de los años. Que si te parece que te has acostumbrado a tu pareja, y que te aburre, que ya no es ni la mitad de lo que era, míralo de nuevo. Míralo dos veces y mírate también a ti. Cómo despertar ese nervio solo lo sabe cada pareja. Saliendo a pasear, yendo al cine, cenando... A veces pensamos que la única solución para recuperar la ilusión es “un nuevo novio”, cuando en verdad hemos sido nosotros quienes hemos dejado que el amor se durmiera.


Imágenes: Alba Soler

lunes, 13 de octubre de 2014

Un poco niños

Cuando eres un niño, tus sueños son tan grandes como capaz seas de extender los brazos. Pregúntale a un niño que mida lo abstracto, y te dirá “así”, con los brazos abiertos y esforzándose por estirarlos aún más. Para ellos todo es posible. Da igual que sea difícil, ellos creerán que pueden lograrlo. 


A Disney le han echado la culpa de que las niñas sueñen con príncipes azules y a las Barbies, que quieran tener un cuerpo perfecto. Pero, ¿por qué? Si no es Disney, lo serán las comedias románticas americanas, o las canciones de amores realizados. Y si no es Barbie, lo será alguna modelo retocada. Siempre habrá algo para excusar nuestros sueños y que alimente nuestra insatisfacción. Pero es que Disney y Barbie, y todas esas películas y todas esas canciones, son los sueños de quienes los crearon. Quizá el problema no es de otros, sino nuestro. ¿Por qué no conocernos antes de seguir soñando?

Para que un deseo no nos destruya, hay que saber que hay “momentos” y “momentos”, que no siempre te va a hacer caso el chico o la chica que te gusta, ni las estrellas van a conspirar por ti cuando más lo necesitas (Paulo Coelho, el Universo a veces se despista). No siempre lo bueno espanta a lo malo, y la mentira puede corromper amistades.

Las personas no somos perfectas, pero “somos”, que no es poco. Así que sepamos cuáles son nuestros puntos fuertes y cuáles nuestros puntos débiles. Conozcámonos antes de que nos conozca el fracaso. Y si ya hemos caído, coloquemos esa piedra en un estante y sigamos andando.

Es mucho más fácil soñar cuando eres niño, cuando todo te parece infinito y puro. Pero podemos volver a ser niños que corren descalzos, sonríen sin miedo y estiran los brazos como si quisieran llegar al cielo.

Un adulto sueña distinto, por supuesto que sí, pero tiene la ventaja de conocer la parte más racional del camino. Ser prácticos no es un límite, es una oportunidad. Las metas pueden ser gigantes; siempre somos un poco niños.

Imágenes: Alba Soler.


sábado, 20 de septiembre de 2014

Mis milagros


¿Cómo no me voy a sentir afortunada si a mi alrededor tengo a gente espectacularmente excepcional? Hace un tiempo dije que los amigos se cuentan con los dedos de una mano, pero los milagros se quedan cortos con los dedos de las dos.

Mis milagros son amigos, son familia y son personas que en algún momento decidieron asomarse a mi vida para hacerme cosquillas y enseñarme algo que me hiciera mejor. No voy a tenerles siempre. Los milagros son como las estrellas. Algunos permanecen por los siglos de los siglos y otros siguen viajando por la eternidad. Los milagros son únicos y valiosísimos. Qué poder tiene una carta, o una rosa, o una canción, o una risa.


Quiero agradecer a todos mis milagros que aparecieron alguna vez, y especialmente a los que estos días me han sacado una sonrisa tras otra. Gracias a los que seguís aquí y buen viaje a los que se tienen que marchar.

domingo, 31 de agosto de 2014

Una carta para ti


Querida amiga,

Espero que estés bien. Ante todo eso: que estés bien. Que el tiempo no haya arañado tu piel demasiado profundo y que tu corazón continúe en su sitio. Espero que tus sueños, esos que me contaste una vez, continúen creciendo, y que no se hayan secado. Porque no es fácil mantener ilusionada a la ilusión cuando despiertas, cuando te das cuenta de que los años pasan para todos y que no eres invencible, ni inmortal, ni tienes súper poderes.

Nuestros sueños tienen que aprender a ser amigos de la realidad, y tú sabes que eso no es sencillo. No es imposible, no, bien lo sabes, porque siempre uno trata de pisar al otro y eso crea rencillas que nos acaban sacando las lágrimas.

¿Qué fue de ese amor del que me hablabas? ¿Qué fueron de esos ojos que te arrancaban suspiros y de esas manos que nunca sabían si tomar las tuyas? Siempre fuiste un poco romántica. Me gustaba cómo describías a tu pareja ideal y cómo te entretenías en los detalles, asegurando que eran lo más importante. Un lunar, una peca, un color, una sonrisa... Tú eras de esas que tenían excusa para amar. Ojalá sigas amando, pero amando con locura, de verdad.

El tiempo pasa muy rápido, así que no trates de detenerlo. Entrena todos los días para seguir con aliento su carrera. Entrena aunque te tropieces. Nos quedan muchas caídas más y eso no importa. Aprende y vive. Grita también. Deja de pensar tanto en cómo puedes resolverlo, y hazlo. Te he visto solucionar problemas gordos y, aunque los que vengan sean peores, yo creo en ti.

Por mi parte, ya sabes cómo me va. Estoy aprendiendo todos los días a vivir.

¿Te sorprendes de que te escriba? Muchas veces pienso hacia atrás y me río de nuestros juegos, de nuestras risas, de las aventuras de la niñez y su inocencia. No te sorprendas. Desde que nos dijimos adiós en el último curso, he esperado que todo te fuera bien. No importa que no fuéramos amigas inseparables. Éramos amigas, y eso ya es muy grande.





martes, 26 de agosto de 2014

Echarse agua fría en la cabeza, ¿diversión o solidaridad?



Después de ver muchas caras conocidas, y no tanto, detrás de cortinas de agua helada, me pregunto si lo que comenzó como una campaña para llamar la atención sobre una enfermedad neurodegenerativa, continúa siéndolo o se ha convertido en un reto de diversión. 

La ELA, o Esclerosis Lateral Amiotrófica, es una enfermedad que provoca una parálisis muscular gradual. Empiezan muriendo las células del sistema nervioso y lo acaba haciendo el propio paciente, tras una parálisis total. La ELA no es para tomársela a guasa.

Stephen Hawking, el físico al que hemos conocido torcido en una silla de ruedas, es una de las personas que padecen esta enfermedad. Un cerebro brillante en un cuerpo paralizado. Así es la ELA. Un proceso lento que debilita los músculos y va reduciendo los movimientos, deteniendo la vitalidad, ahogando la alegría. A veces silenciándola porque ni tus brazos ni tu boca responden.

Mitch Albom hizo menos extraña a la ELA en su novela 'Martes con mi viejo profesor'. En ella habló sobre sus encuentros con Morrie Schwartz, un sociólogo al que admiraba y al que acompañó hasta el final, acercándose así a la enfermedad en primera persona. Es imposible no encogerse ante su pluma y ante su historia.

Y ahora la ELA salta de nuevo a los renglones de actualidad. O más que a los renglones, a los muros de Facebook, a los enlaces de Twitter o al mosaico de Instagram. Famosos que se empapan y nominan, amigos que sonríen a la cámara y retan a otros antes de lanzarse un barreño de agua fría.

Admiro a la gente que lo hace, porque el juego parece que despierta el gusanillo del “yo también soy capaz” y, mientras tanto, la campaña Ice Bucket Challenge crece y crece y más personas escuchan hablar sobre esta enfermedad. Pero admiro aún más a todos los que, echándose agua o no, dan un poco de lo que tienen por ayudar a la investigación. Un poco, lo que sea, pero algo.

sábado, 23 de agosto de 2014

Una fiesta monstruosa

Una fiesta monstruosa. De esas que te dejan los oídos vacíos de tanta música y una nebulosa en los ojos. Solo recordaba melenas en espiral y brazos levantados hacia las luces parpadeantes del techo. También el suelo lleno de cristal y la mirada perdida de las chicas con las que bailé. Y una cruz egipcia.

Era imposible que no hubiese estado entre la vida y la muerte aquella noche. Los ruidos mecánicos de la música a toda pastilla y las paredes que vibraban hasta hacer tintinear las copas. Aún sentía el cosquilleo de la adrenalina recorriéndome el cuerpo. Tenía flashes de aquel local oscuro que olía a tabaco y sudor.

No sabía si había besado a aquella rubia platino o a la morena de piercings. O a ninguna. Quizá la huella de carmín en sus labios fuera por alguna de esas tonterías que se hacen para llamar la atención.

Levanté la cabeza para ver pasar a la carcajada vestida de corto y a su amiga de plataformas gruesas. Las luces de la mañana nos desperezaba, o si acaso nos adormilaban más. Revelaban nuestras caras sucias y los ojos hinchados. Me apoyé en las escaleras donde había echado una cabezada e inicié a trompicones la vuelta a casa.

A la bella, que había bailado hasta cansarse en lo alto del escenario, llevándose consigo las miradas de todo el local, le había abandonado toda la magia de la noche y me entraron ganas de reír. No sé si lo hice o no, pero mi felicidad se acabó estrellando cuando la vi pasar. Esbelta y perfecta. La cruz egipcia en la muñeca de una joven que conocía.

Se detuvo delante de mí y pasó mi brazo sobre sus hombros. Si no fuera porque apenas podía caminar, no habría dejado que su cuerpo delgado hubiese arrastrado el mío hasta el portal de mi casa.

‒Espero que lo hayas pasado bien ‒me dijo, apretando el porterillo y dándose la vuelta‒. Yo sí lo he hecho.

No le contesté, porque me había pillado con la guardia baja. Tampoco se me ocurrían más que palabras huérfanas y dudo que mi lengua hubiera logrado articularlas.


jueves, 21 de agosto de 2014

Huelga de la alegría

Se sentía tremendamente sola. Todos le habían vuelto la cara sin darle explicación y nadie le había advertido que esas cosas a veces suceden. Se vistió con uno de los vestidos que había colgado sobre la silla de la habitación y salió a la calle. Creyó que allí dejaría de pensar, pero no sabía que la inquietud es amiga de las lágrimas y que tira de las comisuras hacia abajo. 
Cuando llevaba una hora deambulando, dando vueltas por todas las calles de su adolescencia, se dio cuenta de que la pena seguía abrazada a su pecho y a su garganta. Ni siquiera el ajetreo de una fiesta era capaz de robarle la pena, y decidió regresar. En el camino, no se dio cuenta de cómo una madre abrazaba a su hija, a la que no veía desde hacía meses, ni de que el mar murmuraba enamorado. No se dio cuenta de cómo el sol se despedía con su corona dorada, ni de que alguien la había mirado.