Sucedió sin avisar, sin reparar en la cascada de sentimientos de uno y de otro y sin dar opción a otra expresión que no fuera la del asombro. Se cruzaron un instante, cuando ella volvía del trabajo y él lo hacía de un viaje, y la mañana soleada se tiñó de nubes. Ella volvió a sentir su corazón desbocarse y él se estremeció al recordar una historia inacabada. El saludo fue apenas un guiño, luego ambos bajaron la mirada.
Ella recordó con lágrimas y él lo hizo con mal humor, pero ninguno se atrevió a derribar el muro que los había separado. Nadie más supo de aquel encuentro, e incluso ellos mismos lo olvidaron. Era mejor no revolver el pasado, más aun cuando los dos sabían que se amaban... y que nunca tendrían oportunidad de encontrarse.

