¿Te atreves a soñar?
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lunes, 2 de febrero de 2015

Mejor no estudiemos

Es difícil no preguntarse si el ministro Wert se ríe de nosotros: de los estudiantes, de los profesores, de los padres que hacen un esfuerzo por financiar los estudios de sus hijos. Me pregunto si echaba de menos un revuelo, como el que levantó el Plan Bolonia, y ha querido protagonizar otro antes de las elecciones generales (por si acaso es su última oportunidad).
José Ignacio Wert propone un modelo educativo de tres años de grado y dos de máster (3+2), cuando el actual es de cuatro de grado y uno de máster (4+1). Está bien que proponga cómo mejorar la educación, más cuando nuestro país ostenta el récord de ninis de la Unión Europea, pero que no presuma de que las familias se ahorrarán dinero. Claro que es más barato pagar tres años de universidad que cuatro, pero un estudiante no hace nada con un grado. Que se lo digan, que nos lo digan, a todos los jóvenes que enfrentamos la peor cara del empleo en España, a  quienes sacudimos con orgullo nuestro título a unas empresas que se compadecen (por no decir que se ríen) de nuestra formación. Cómo no lo van a hacer, con la de gente preparada que entrevistan: jóvenes que acumulan másteres y cursos, que han estudiado dos, cinco carreras, que hablan tres idiomas, ruso, chino y árabe si hace falta.
Me gustaría que el señor Wert conociese a los jóvenes que terminan el grado y tienen que sacar dinero de las piedras para pagar un máster. ¿Es que él no sabe cuánto cuesta un máster? Por supuesto que sí. Y ahora, con la que está cayendo en España, que nos digan que en vez de un año, hay que pagar dos. Los créditos ETCS de los másteres en Madrid, por ejemplo, rondan entre los 35 y 75 euros, mientras que el de los grados se encuentra en torno a los 20 euros. Y eso el crédito, pero ponte a sumar. Los estudiantes de Comunicación barajamos opciones que no bajan de los 7.000 euros al año. Y no pedimos la luna. Es lo que cuesta, por ejemplo, una especialización en radio o en televisión (y, ojo, tirando por lo bajo). Ponte a sumarle otros 7.000 más para que nos asemejemos al modelo que tienen la mayoría de países de la Unión Europea, el 3+2.
Pero que no se enfaden los rectores, ni los estudiantes, que el señor Wert deja elegir. Ha propuesto un modelo, pero no obliga a adoptarlo. Que cada universidad haga lo que quiera. Y si de ahorrar se trata, no se preocupen, yo también propongo. Para ahorrar, mejor no estudiemos. Gratis vendrá la ignorancia.

jueves, 21 de marzo de 2013

Me basta así


Los planes siempre se desmontan, de modo que reservaré el relato que tenía pensado publicar hoy y felicitaré a la Poesía. Hoy es el día mundial de este arte y creo que se merece una entrada especial en El Bosque de papel. Aunque apuro las últimas horas de este 21 de marzo, “más vale tarde que nunca”.
Fue una bonita sorpresa cómo recordé la fecha. Resulta que cada año y en este día, mi Universidad se llena de papelitos de todos los colores. Durante un tiempo, alumnos, profesores y empleados envían sus poesías preferidas, propias o de otros autores, a Actividades Culturales de la Universidad, y se reparten cuando llega el aniversario de la Poesía. El resultado es una explosión de emociones, suspiros y sonrisas. En los bancos de las facultades, en las mesas de la entrada, en las aulas... Miles de colores y millones de palabras.
Así que esta mañana, cada vez que encontraba un montoncito de poemas, corría a descubrir su contenido, entusiasmada. Bécquer, Benedetti, Machado... Los leía con mis compañeros y los volvía a dejar donde estaban, para el que viniera detrás. Hasta que encontré “Me basta así”, y empecé a recitarlo una y otra vez, sin cansarme. Enseguida supe que sería mi protagonista del día.

“Me basta así”

Me basta así
Si yo fuese Dios
y tuviese el secreto,
haría un ser exacto a ti;
lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si el sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olos, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
–de eso sí estoy seguro: pongo
tanta atneción cuando te beso–;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si fuese
Dios, habría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal y como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia
luz, y corras
la cortina imapalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de sí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando –luego– callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo constelaciones: existes.
Creo en ti. Eres. Me basta).

Poema de Ángel González